Alejandro Gaviria presenta "Contra el fanatismo" y reflexiona sobre la coyuntura colombiana
- Camila Carvajal
- 19 mar
- 3 Min. de lectura

El exministro de salud Alejandro Gaviria participó en un conversatorio en Ficciones Bar de Libros, en Bogotá. Allí presentó su libro Contra el fanatismo: ensayos para una Colombia posible y habló de la polarización política en el país, resaltando la importancia de mantener espacios de diálogo para fortalecer la democracia.
Durante el encuentro, Gaviria explicó que el libro es una reedición de "Alguien tiene que llevar la contraria", que fue publicado en 2016. Señaló que para ese momento, su foco eran las problemáticas de final del siglo XX y de los primeros años del nuevo milenio. Por tanto, quiso actualizar esas reflexiones a partir de hechos como la pandemia por COVID-19, su paso por el Ministerio de Salud y la vivencia de un diagnóstico de cáncer.
La conversación fue moderada por Claudia Morales, periodista y directora de la Feria del Libro de Pereira, quien inició preguntando por la postura de algunos líderes de opinión en negar cualquier forma de progreso social en el país y reforzar visiones fatalistas.
Frente a esto, Gaviria recordó sus primeros años como columnista y mencionó que gran parte de las reacciones negativas, surgían al hablar de avances. Señaló que esto se debe a una acumulación de desigualdades y crisis que han marcado la historia del país. "Las columnas que más daban rabia y que más generaban polémica era cuando yo resaltaba un hecho positivo", afirmó.
En esta línea, habló de la "fracasomanía" entendida como la tendencia a interpretar la historia de Colombia únicamente desde el fracaso. Según Gaviria esto lleva a ignorar los esfuerzos por transformar la realidad y termina simplificándola.
Por ello, insistió en la importancia de asumir una perspectiva con otros matices, a la cual denominó como un "optimismo basado en la evidencia", de manera que las discusiones se apoyen en datos y no únicamente en narrativas pesimistas.
En otro momento de la conversación, Morales abordó el impacto de la pandemia de COVID-19 en el debate público y la política global. Gaviria afirmó que este periodo no produjo grandes transformaciones sino que intensificó algunos temas que estabas en proceso."La pandemia concluyó como un punto de inflexión leve. Tendencias que venían de atrás, se acentuaron", explicó.
En ese contexto, señaló que la pandemia también cambió las prioridades del debate público. Temas que antes ocupaban un lugar central, como la crisis climática o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), perdieron visibilidad frente a las urgencias sanitarias y económicas.
Más adelante, el autor se refirió al “decálogo de un reformista”, incluido en el libro. Allí plantea una serie de principios para pensar el cambio social sin caer en dogmatismos. Entre ellos, advirtió que el reformador debe evitar dos extremos: creer que el Estado resuelve todos los problemas o asumir que es la causa de todos ellos.
Habló de las “utopías regresivas”, un concepto con el que advierte sobre los riesgos de las propuestas que prometen cambios absolutos mediante soluciones simples. Según explicó después en entrevista, ese término no alude solo a una idealización del pasado, sino a la paradoja de proyectos políticos que "prometen llevar al paraíso, pero pueden terminar conduciendo al infierno".
Gaviria también profundizó en su definición de fanatismo. Señaló que los seres humanos buscan certezas porque la realidad es compleja y porque las respuestas simples ofrecen una sensación de seguridad. Sin embargo, explicó que el problema comienza cuando esa sobre simplificación se lleva al extremo y se convierte en una identidad que se quiere imponer a los demás.
Otro de los temas que abordó fue la relación entre información y debate público. Aunque hoy existe un mayor acceso a datos y contenidos, esto no se traduce automáticamente en conversaciones más razonables. “La era de la información es al mismo tiempo la era de la desinformación”.
Según explicó, la sobreabundancia de información no siempre facilita el conocimiento, pues procesarla y convertirla en una visión propia del mundo resulta cada vez más complejo. A esto se suma lo que describió como una “industrialización de la mentira”, es decir, la producción deliberada de contenidos inexactos que circulan en el debate público y alimentan la desinformación.
Por último, Gaviria destacó el valor de espacios como las librerías para sostener conversaciones más pausadas alrededor de las ideas. Describió estos encuentros como “una especie de refugio, de remanso”, donde lectores y autores pueden debatir lejos del ritmo acelerado de la cotidianidad y las redes sociales.



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