Amar mal también es amar: la incómoda verdad detrás de "¿Quién ama a Martha Lara?"
- mariana albarracin
- 26 mar
- 2 min de lectura
Actualizado: 23 abr
Por: Andrea Celedón

¿Qué pasa cuando el amor deja de ser un refugio y se convierte en una prueba? En "¿Quién ama a Martha Lara?", una madre decide poner a sus propios hijos contra la pared para comprobar quién la quiere de verdad. Lo que parece una premisa exagerada pronto revela algo más cercano: las formas torcidas, incómodas y profundamente humanas en las que muchas familias se relacionan.
La obra, que se presenta en Casa E Borrero, construye una comedia incómoda donde el amor, lejos de ser idealizado, se muestra en su versión más contradictoria: posesivo, torpe y, en ocasiones, manipulador.
“Marta manipula porque ama”, dice sin rodeos Marcela Benjumea, quien interpreta a la protagonista. Su personaje, una mujer de edad avanzada y carácter fuerte, decide poner a prueba a sus tres hijos para definir quién merece su herencia. Una decisión que, en sus propias palabras, está “muy mal”, pero que revela una necesidad profunda: ser amada.
Ese gesto extremo es el motor de la historia, pero también el reflejo de algo más cotidiano. “Amamos profundamente a la familia, pero a veces no sabemos cómo expresarlo”, reconoce la actriz, trazando un puente directo entre la ficción y la vida real.
Desde el otro lado del conflicto está Tito, el hijo del medio, interpretado por Ernesto Benjumea. A diferencia de los extremos que lo rodean, él habita la duda. Escucha, analiza, pero no logra decidir. “Está en la mitad, tratando de entender”, explica el actor, quien encontró en esa ambigüedad uno de los mayores retos del personaje.
Lejos de ser un indeciso superficial, Tito representa a quienes intentan sostener el equilibrio en medio del caos familiar. “Lo difícil era no hacerlo ver como un torpe, sino como alguien que realmente busca comprender”, añade.
Pero si alguien rompe ese frágil balance, es Corina, la hija menor. Interpretada por Cony Camelo, llega como una fuerza directa, sin filtros, dispuesta a decir lo que nadie quiere escuchar. “No decora la realidad, y eso la mete en problemas”, afirma la actriz.
Su mirada sobre Marta añade otra capa al conflicto: “Las madres aman, pero a veces lo hacen de forma nociva”. Para Camelo, la manipulación no es un accidente, sino una extensión exagerada de dinámicas que ya existen. “Hay un drama intrínseco en la maternidad”, dice, señalando que la obra simplemente lleva esa tensión al extremo.
Ahí es donde la comedia encuentra su fuerza. No en el chiste fácil, sino en el reconocimiento. En esa risa incómoda que aparece cuando el público se ve reflejado en escena.
Porque, aunque pocos admitirían poner a sus hijos a competir por una herencia, la necesidad de validación, el miedo a no ser querido o las formas torcidas de demostrar afecto son mucho más comunes de lo que parecen.
¿Quién ama a Martha Lara? no juzga a sus personajes, los pone en escena y en ese ejercicio, deja al espectador con una pregunta que trasciende el teatro: ¿cuántas veces hemos confundido amar con controlar?
Entre risas, tensiones y verdades incómodas, la obra invita a mirar hacia adentro. Porque, al final, el problema no es solo Martha Lara. El problema es todo lo que se le parece en el entorno familiar.
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