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Chiquinquirá: ad portas de los 60 años de una de las peores intoxicaciones masivas de América Latina

  • Foto del escritor: María José Mora rodriguez
    María José Mora rodriguez
  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

El envenenamiento ocurrido el 25 de noviembre de 1967 en Chiquinquirá, tras el consumo de pan contaminado con Folidol, dejó decenas de muertos y cientos de intoxicados, convirtiéndose en una de las tragedias sanitarias más graves en la historia de Colombia. Memorias de una tragedia.



El próximo año se cumplirán 6 décadas de una de las tragedias más dolorosas en la historia de Chiquinquirá: el envenenamiento masivo ocurrido el 25 de noviembre de 1967. Entonces, decenas de personas murieron y  resultaron intoxicadas tras consumir pan contaminado con Folidol, un potente plaguicida utilizado en esa época en actividades agrícolas. De acuerdo con registros históricos, al menos 78 personas fallecieron y alrededor de 800 resultaron intoxicadas, aunque se cree que fueron más.


Durante una visita al archivo histórico del Chiquinquirá, Omar Coy, encargado y líder del archivo, explicó que esta tragedia no solo marcó al pueblo, sino que evidenció las limitaciones que tenía el país para responder a una emergencia sanitaria de gran magnitud.


“Es un hecho que dio a conocer Chiquinquirá a Boyacá y a Colombia”, afirmó Coy durante la entrevista. Según explicó, en aquel entonces el municipio era pequeño y apenas contaba con cuatro panaderías y un hospital incapaz de atender una situación de ese nivel.


La tragedia comenzó cuando un cargamento de harina era transportado desde Bogotá hacia Chiquinquirá. En el mismo vehículo también llevaban botellas de Folidol y, durante el trayecto, una de ellas se rompió y el líquido tóxico cayó sobre los bultos de harina. A pesar del fuerte olor que desprendía la masa, la harina fue utilizada para preparar pan en la panadería Nutibara, una de las más reconocidas del municipio.


Coy recordó que el 25 de noviembre coincidía con las clausuras escolares, por lo que desde muy temprano muchas familias salieron a comprar pan para el desayuno de los niños. “Se hacían un solo evento, todas las clausuras de los colegios. Por eso llevaron del bulto a los niños”, contó.

Horas después de consumir el pan, los habitantes comenzaron a presentar síntomas graves de intoxicación. Al principio, las autoridades pensaron que el problema estaba en el agua y suspendieron el suministro mientras intentaban entender lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, las muertes seguían aumentando, especialmente entre menores de edad.


Uno de los momentos más recordados de la tragedia fue protagonizado por una niña que, al sentir un sabor extraño en el pan, decidió lanzarlo a unos pollos. Minutos después, los animales murieron. Ese hecho permitió entender que el alimento era la causa del envenenamiento. La historia quedó registrada años después en diferentes investigaciones periodísticas y crónicas sobre el caso. 

Coy resaltó el trabajo realizado sobre esta tragedia por Yuri Chillán, autor del libro Pandemonio, y por el periodista Daniel Samper Pizano, quien escribió el prólogo de la obra y realizó varias crónicas sobre lo ocurrido.


A casi seis décadas del envenenamiento, la tragedia sigue presente en la memoria de muchas familias de Chiquinquirá. Más allá de las cifras, el caso permanece como uno de los episodios más impactantes de intoxicación masiva en la historia de Colombia y como un recordatorio de las fallas en el manejo y transporte de sustancias tóxicas en el país.



 
 
 

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