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Servir, más que mandar: la apuesta humana detrás de la función pública

  • Foto del escritor: María José Mora rodriguez
    María José Mora rodriguez
  • 28 abr
  • 2 Min. de lectura

En la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, donde se manejan recursos que son de todos, Dolly Arias Casas tiene una idea poco común: el poder no es para servirse, sino para servir.
En la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, donde se manejan recursos que son de todos, Dolly Arias Casas tiene una idea poco común: el poder no es para servirse, sino para servir.

En un ámbito rodeado de cifras, procesos administrativos y decisiones que impactan a toda una ciudad, a veces se olvida que detrás de la función pública hay personas con una vocación clara: servir. Ese es el caso de Dolly Arias Casas, Subdirectora Administrativa de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), quien lleva más de 30 años en el sector público.


Abogada de la Universidad del Rosario, con especialización en la Universidad Externado de Colombia y una maestría en la Universidad de Bolonia, Arias no planeó desde el inicio dedicarse al servicio público. “Fue casualidad”, admite. Pero con el tiempo, esa casualidad , la llevó a quedarse en lo público por gusto y, sobre todo, por un sentido social.


En la Subdirección Administrativa se gestionan temas financieros, talento humano y atención al ciudadano. Sin embargo, más allá de lo técnico, ella insiste en que el servicio público debe entenderse como un servicio real, no como una oportunidad para el beneficio personal.

“Creo que el servicio público ayuda a mejorar la calidad de vida de la gente cuando es concebido de verdad como un servicio y no para servirse”, afirma.


Esa frase resume su manera de ver el sector. Para Arias, administrar recursos públicos implica una responsabilidad ética superior, porque se trata de dinero que pertenece a todos. En su rol como ordenadora del gasto, la transparencia no es una opción, sino una obligación.


Los retos, dice, son claros: garantizar que cada decisión responda al interés general y que quienes participan en los procesos actúen con responsabilidad y honestidad. En otras palabras, que el sistema funcione no solo bien, sino correctamente.


Pero más allá de los desafíos, hay algo que destaca en su discurso: la esperanza en las nuevas generaciones. Para ella, los jóvenes tienen un papel clave en transformar la percepción del sector público. No se trata sólo de señalar la corrupción, sino de combatirla desde dentro, con acciones y ética.

“Esto no es para engrandecer el ego ni para buscar poder, sino para ayudar a los demás”, enfatiza.


 
 
 

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